EPSFROS
Jornadas de Escuela

Analia La Rosa

Miembro de la EPSF-Ros

Una cierta mirada.  Apuntes sobre lo escópico en los tiempos de pasaje

 

   Este trabajo hace entretexto (propongo pensar el neologismo que nombra estas jornadas como entramado, no sólo cruce sino tejido textual) con varios espacios de formación: el Cartel de Arte y Psicoanálisis, el grupo de lectura del seminario X, el seminario de Clínica con jóvenes, y, medularmente, con el espacio clínico del Taller de cine, que junto a mis compañeras sostengo desde hace algunos años.

   El Taller de cine de la EPSFRos propone, desde hace dos años, una serie de películas que abordan temáticamente la pubertad y la adolescencia. De escasa difusión en los circuitos comerciales, podríamos denominarlas como de cine de autor: verdaderas piezas de arte que nos proponen un valioso material clínico. Algunos de los títulos fueron: Cuenta conmigo (Stand by me), Augustine, El año en que mis padres se fueron de vacaciones, Boyhood, Hacia rutas salvajes, Stella, El fin de la inocencia, Mommy, Mustang. La próxima proyección –y la que cerrará esta serie- será Tú y yo, última realización de Bernardo Bertolucci.

 

   Una cierta mirada (Un certain regard) es el nombre del festival ‘paralelo’ al festival de cine de Cannes. Con el fin de reconocer jóvenes realizadores, distingue a ésa, una cierta mirada, que no es la ‘mirada’ oficial. Esta breve aclaración (que se retomará más adelante) sirve para presentar el instrumento crítico/clínico del que se servirán estas reflexiones: hablaremos de la mirada en los tiempos de la adolescencia.

   Acorde con la lógica de lo escópico que el cine instala –esta pulsión reina por sobre las otras en el momento de ver una película- precisamos la propuesta de este trabajo diciendo que interrogaremos qué de lo escópico pasa (ocurre, pero también transita) en los tiempos de pasaje adolescente, tiempos del desasimiento y de la autorización.

   De los títulos propuestos en estos años, hay uno que podría titular a toda la serie, y es El fin de la inocencia (EEUU; 2012). Entre enigmático y revelador, este nombre propone, sugiere o abre un interrogante que podría formularse en varias partes: de qué hablamos cuando decimos inocencia, y también, cómo sería este fin. Algo termina en la turbulencia adolescente (o podría terminar), pero ¿cómo se entrama en este fin la cuestión de la mirada?

   Gracias a Freud sabemos que la inocencia infantil no es tal como la pensaban los pedagogos y los religiosos, pero habría una acepción de inocencia que nos interesa rescatar. Para el diccionario de la R.A.E., inocente es igual a cándido, sin malicia, fácil de engañar.

   Vayamos a lo escópico para situar allí el engaño; engaño especular del infans quien, en el espejo se encuentra con la ilusión, con el espejismo (Lacan, Estadio del espejo) de una gestalt, de una imago que apresura su júbilo.

   ¿Aludirá entonces El fin de la inocencia (esta especie de título común) al final de los tiempos de la ilusión? ¿Quedará así a la intemperie la función del desconocimiento que pide –que vuelve a pedir- en esta etapa el auxilio de ‘una cierta mirada’ –que no es la ‘mirada oficial’-?

   En la Observación sobre el Informe de Daniel Lagache Lacan, retoma el esquema óptico para plantear el movimiento del espejo (¿un pasaje?) en el cual un sujeto pasa del lado de la captura imaginaria (¿la mirada oficial?) al otro lado, donde la ilusión y el engaño desfallecen. Si bien en este escrito el pasaje ocurre por las operaciones de un análisis (un sujeto que hace de un analista el lugar de su palabra para asumir –dirá Lacan- su discurso inconsciente), la hipótesis consistirá en plantear que este movimiento podría ser posible en la adolescencia, segundo despertar o tiempo de renacimiento subjetivo (así lo llamó Francoise Dolto) en el cual, a partir de esa ‘cierta mirada’ (la mirada del otro semejante) alguien pueda pasar al otro lado para poner en juego su deseo.

   Estas aproximaciones son efecto del trabajo que siguen a las proyecciones, y podría decirse que es nuestro material el que las formula: ya sea porque cuenta -o no- con ambas (la mirada ‘oficial’ y una ‘cierta mirada’) un sujeto adolescente puede atravesar –o no- ese tiempo de pasaje.

   Como es imposible hablar de todas, elegí una para situar lo planteado. Io e te (Tú y yo) es la última película de Bernardo Bertolucci, versión sutil de la turbulencia adolescente. En ella, Lorenzo –el protagonista- tiene 14 años y una mirada perpleja. Se mantiene al margen de sus pares y en el centro de su madre –con quien vive-, quien transmite a un padre –que no se ve- la preocupación por el cierto aislamiento del hijo.

   Después de una escena que parece ‘incrustada’ en la narración (bien podría ser una fantasía del joven: en un restaurante, comiendo solo con su madre, Lorenzo le cuenta una idea loca: ¿qué pasaría si solo Io e te quedáramos en la Tierra  y debiéramos asegurar la continuidad de la especie?) después de esta escena, Lorenzo escucha y ve –por azar- ese lugar donde lo ubica el ojo del Otro: la madre le cuenta a padre que finalmente el joven va a sumarse a sus compañeros de división en un viaje escolar, lo que les provoca alegría y tranquilidad.

   Todo está listo pero Lorenzo arma un plan: a punto de partir, en lugar de sumarse al grupo se resta de la mirada de todos y se sumerge en el sótano de su edificio. Allí empezará otro viaje.

   Lo que interesa aquí sobre todo, es que no estará solo: también por azar Olivia, su media hermana adicta, compartirá con él el breve tiempo (en términos cronológicos) de la reclusión. Pero también le acercará otra visión: Olivia le muestra, literal y metafóricamente, un mundo al ras: la ventana del sótano que los oculta –que se encuentra al ras del piso- se abre para que el dealer le venda la heroína (una vez más, el director hace estallar la referencia a través del oxímoron: Olivia es la anti-heroína). Escena mirada al ras (recuerdan el cuadro Los embajadores,  de Holbein?) no es sin Olivia que Lorenzo puede realizar esta torsión que le permite cambiar de posición. Torsión manierista que aporta la perspectiva de una imagen oculta que revoca la sustancia de lo que se ha perdido en ella (Lacan, Lagache). Io e te (tú y yo) habrá cambiado de referencia.

 

   En los momentos en que terminaba estos apuntes recordé –azarosamente, en sintonía con la historia de Lorenzo- un título de Lewis Carroll: A través del espejo y Lo que Alicia encontró allí (Through the Looking-Glass and What Alice Found There, 1871).  Pensaba también en nuestra película-título del principio del trabajo y en el pequeño recorrido hecho a lo largo de estas notas. Por lo tanto, y fiel al espíritu del juego significante que nos proponen el poeta y el psicoanálisis, diríamos que podemos saber que detrás del espejo se encuentran el fin de la inocencia… y las innumerables formas del deseo.

 

 

Bibliografía consultada

Lacan, Jacques: Observación sobre el informe de Daniel Lagache, Escritos II, Siglo XXI,   Buenos Aires, [1975], 2002.

Lacan, Jacques: El estadio del espejo como formador de la función del yo [je] tal como se nos revela en la experiencia psicoanalítica, Escritos I Siglo XXI, [1966] 2000.

Dolto, Francoise: La causa de los adolescentes, Seix Barral, Méjico, 1990.