EPSFROS
Jornadas de Escuela

Claudia Lujan

Miembro Escuela Freud-Lacan de La Plata

¿DE QUE DESEO SE TRATA EN LA TRANSMISIÓN DEL PSICOANALISIS?


Leemos en el afiche de invitación a estas XIV jornadas de Escuela:

“Es porque yo he sido confrontado con la idea que sostiene el  inconsciente de Freud, que traté de no responder a ella, sino de responder allí, de manera sensata”.

Me interrogó la cita: Pensé ¿qué quería decir Lacan con esto?; y por qué la escuela lo tomaba como punto de partida en su invitación. Por otro lado, hubo algo de esa cita que me remitió a una pregunta que sostengo desde hace un tiempo en torno al deseo del analista.

Voy a tratar de aproximar alguna respuesta a estas preguntas, en función de un trabajo de escuela que sostengo desde hace algunos años.

 Vuelvo a la cita:

El “no responder a ella” sino de “responder allí” me lleva a pensar que se trata de un lugar. Hay un acento puesto en ese “allí” enlazado a la “sensatez”.

 Esa referencia rápidamente me remite a otro Lacan, aquel que, previo a partir para Venezuela, -primera vez que visitaba estas tierras-  se preguntaba sobre la transmisión; sobre aquellos que, sin haberlo visto  ni escuchado, a él, a Lacan,  eran “lacanos”.  Los llamó “Lacanoamericanos”.

Éstos Lacanoamericanos sólo conocían a Lacan a través de sus escritos, y sin embargo eso “había echado raíces”. Se pregunta qué se transmite cuando su persona no hace de “pantalla” a lo que enseña.

Entiendo que allí también se refiere a un lugar, no sólo geográfico sino también, y fundamentalmente, de la palabra. Desde dónde se habla.

Hay un punto en donde la pregunta por la transmisión se anuda a la pregunta por el deseo.

Sabemos que un análisis depende de esa  función que Lacan llamó “Deseo del analista”. Ahora bien, ¿en que deseo se sostiene la transmisión del discurso del psicoanálisis? ¿Podríamos decir que el deseo del analista opera en la extensión?

Volveremos sobre esto más adelante.

Respecto del deseo del analista hemos escuchado bastante, lo hemos encontrado desarrollado en varios de los textos que solemos leer, e incluso lo vemos conceptualizado de diversas maneras.  El mismo Lacan nunca dijo nada acabado respecto de este concepto.

A mí me interesa tomarlo tal como lo define en la “Proposición del 9 de Octubre de 1967…”:

“El Deseo del analista es su enunciación, la que sólo puede operar si él viene allí en posición de x”. Nuevamente aparece el “allí” denotando un lugar.

Recordemos que en esta época Lacan se encontraba interrogado por la transmisión del psicoanálisis, por la formación de los analistas, el pasaje de analizante a analista y el fin del análisis. Por otro lado, y en consonancia con lo anterior, investigaba los modos de agrupamiento en los cuales se impartía la enseñanza del psicoanálisis.

Esta era una preocupación compartida con Freud; por eso ambos fundaron instituciones psicoanalíticas. La IPA y la Escuela Freudiana de Paris son muestra de ello.

En la Proposición nos deja un legado que el propio Lacan propone como una solución al problema de las sociedades analíticas. Deja sentado un modo de institucionalización, que llama Escuela, y dirá que se va a tratar de “estructuras aseguradas en el psicoanálisis mismo y de garantizar su efectuación en el psicoanalista”[1].  Nos propone un modo de pensar la formación analítica fundada en una política: la del síntoma; y una ética  que es la del deseo.

En ese tiempo, Lacan propone dispositivos para investigar cuestiones cruciales del psicoanálisis; formula la diferencia entre los grados y las jerarquías; nos invita a repensar la transferencia y el lugar del analista allí, escribe el matema donde ubica por primera vez al significante de la transferencia; se interroga sobre el pasaje de analizante a analista refiriéndose al Pase como una instancia de investigación.

Reformulo la pregunta del inicio: ¿Sobre qué deseo se funda – y se sostiene- una escuela de psicoanálisis? (Entendiendo por escuela un lugar de transmisión)

Si decimos, siguiendo a Lacan, que el Deseo del analista propicia la producción inconsciente; en la extensión ¿propiciaría la producción analítica?

Nos encontramos, en la experiencia, con que la transmisión es algo incalculable; del mismo modo que lo es una interpretación. Imposible saber de antemano el alcance de lo que se dice. En el mejor de los casos, podremos leerlo en lo que nos vuelve como efecto.

En una escuela de psicoanálisis se dice, pero ¿lo dice alguien o se dice desde algún lugar?

Sostener un trabajo de escuela requiere que la falta opere; de que algo nos haga falta. Poder sostener el lugar de la falta y recrearla no va de suyo, requiere que esa falta esté allí disponible, operando en la estructura del que toma la palabra y de la escuela misma. 

Entiendo que la enseñanza; la transmisión y la formación de los analistas no pueden pensarse sin entramarlos al Deseo del analista como operación que ubica la dimensión de la falta y la castración en el centro de la escena. Ese lugar de x en la enunciación de la que hablaba más arriba.

Pero ¿Cómo nombrar a este deseo en la extensión?

Arriesgo a decir que la función  de ese Deseo cuya estructura se asemeja al Deseo del analista en la intensión, en la extensión opera en cada movimiento que la escuela hace y que le permite avanzar en el trabajo respecto del  psicoanálisis: no sólo en lo que entendemos como enseñanza sino también en los diversos espacios de trabajo;  cuando operamos sobre lo imaginario que obstaculiza la producción analítica; cuando una lectura acertada de los “síntomas” nos permite salir de un escollo o cuando recurrimos a la creatividad y la invención para hacer algo con lo real cuando aparece. Trabajo de escuela lo hemos llamado, sostenido en la transferencia de trabajo y en un deseo compartido en torno al psicoanálisis.

Ese deseo entonces, ¿Podría llamarse Deseo del analista o habría que pensarlo como secuela que arroja el trabajo del análisis, puesto ahora en acto en relación a la transmisión?

 

Entiendo ahora el porqué de esta cita en la convocatoria a estas jornadas. Es una invitación a ocupar un lugar que es el de la palabra. Invitación que ya en el título “Entretexto” plantea un enigma, un interrogante. Un neologismo sujeto a la lectura de cada quien. Justamente, es el deseo del analista el que viene a descompletar al saber; produciendo algún efecto de verdad; la de cada uno.

Estas jornadas son un modo de poner en acto ese deseo, de converger en un trabajo que nos permita interrogar al psicoanálisis mismo, para poder ir más allá.

Agradezco mucho la invitación.

CLAUDIA LUJAN

OCTUBRE 2016



[1] Jacques Lacan “Proposición del 9 de octubre de 1967 sobre el psicoanalista de la escuela”