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Jornadas de Escuela

Edgardo Feinsilber

Miembro Analista (MA) Mayéutica Institución Psicoanalítica

                DEL AMOR DE TRANSFERENCIA Y LA INTERPRETACIÓN    

                                                                                      

En nuestro psicoanálisis se trata de una praxis de lo Real, es decir de lo imposible que vaya más allá de la impotencia, en tanto nos da la posibilidad de la ex–sistencia de otros goces, que demultipliquen el goce fálico.

Entendemos con esto que la renuncia al goce no liquida su presencia, sino que da lugar a otros goces de ocupar una plaza en la satisfacción, tanto en la del llamado sujeto dividido -entre su pensar y su hacer, por su sujeción a su Otro-, como en la del parêtre identificado a su sinthoma. Y en tanto los goces son de lo Real, se trata así de una praxis que da consistencia a otros goces, aunados al goce fálico de la palabra hablada, por demás balbuceante, el que da cuenta del síntoma.

En la cuestión de la transferencia, Lacan nos clarifica sobre las dos vías que la hacen posible, la de la compulsión de repetición, -la Widerholungszwang que se ha in-traducido como ’automatismo de repetición’, lo que entendemos modifica el concepto- y el amor. Ya que la compulsión no es únicamente un automatismo, en la misma dificultad se encuentra la in-traducción de la Zwangsneurose como ‘Neurosis obsesiva’, ya que debiera leerse como ‘Neurosis compulsiva’, lo que sin duda cambiaría su significación psicológica. 

El amor de transferencia entonces reconoce en su composición esas dos vías, el amor y el odio que se entrelazan en la situación analítica. Entre esas dos vías el deseo del analista en su incidencia se aplica a dar al analizante un signo, el signo de la falta de un significante, es decir no pansimbólicamente el significante de la falta ni la falta del significante, como Lacan afirmó de manera un tanto contrariada.

El fin del análisis consiste en cuanto al fantasma, en su atravesamiento hacia lo real de la pulsión, abriéndose así la pregunta por su sentido. Ante la dificultad de su respuesta, arriesgo una propuesta: si el fantasma consiste en una frase axiomática, y el punto no es de lo real, el atravesamiento, -que no es equivalente a su travesía pues ello implica mantenerse en él-, es restarle el punto a la frase del fantasma, posibilitando así el pasaje a otra dit-mensión. Ello por medio del equívoco que provoca, en la significación cristalizada en la que se engorda el síntoma con un sentido unívoco, la generación de enigmas que empujen hacia el despertar.

El caso clínico del que quiero acompañarme lo encuentro en el texto del ‘divino’ Platón conocido como ‘El Banquete’. En él y siguiendo las enseñanzas de Sócrates, el autor nos propone la ‘Metáfora del amor’ como el pasaje del lugar del amado -erómenos- al de amador -erastés-, y Lacan halla en esto el nódulo de la experiencia analítica, el pasaje del analista en tanto amador a la posición del amado, y circularmente el pasaje del analizante en tanto amado al de amador, en el fin del análisis.

Esto es pues el analizante espera del analista lo que se conoce como una interpretación, algo que de otro sentido a su síntoma con lo que mitigar el sufrimiento limitante al que se encuentra llevado. Para ello se ubica en la posición del amado, cuya dignidad implica la ubicación de su analista en el lugar del Otro, conformándose así el amor de transferencia.

Por su parte, el analista necesariamente no exento de pasiones, mantiene la neutralidad y la abstinencia de su posición encausado en un deseo más fuerte, lo que no liquida su lugar de persona-máscara tomado en la transferencia, por lo que al igual que el analizante, ubica por un instante su agalma en aquél, que por su lado había ubicado sus agámatas propias en su analista. Esto constituye una situación que Lacan escribe como i(a) al cuadrado, del que es preciso salir para posibilitar el análisis, por medio de la efectuación de una metáfora, la Metáfora del Amor.

Para mostrar lo que valuamos como fallido en lo que Lacan considera como una interpretación, en la intervención de Sócrates dirigida a Alcibíades -en la que entiende que encontramos todas las características de una interpretación: que lo dicho lo es de manera accesoria-, nos serviremos de dos in-traducciones.

La primera lo es de un literato, que hallamos en la edición de Porrúa: “Tu tienes la pretensión de que yo debo amarte y no amar a ningún otro, y que Agatón sólo debe ser amado por tí solo”. Lacan por su lado, subrayando la posición subjetiva de responsabilidad, lee: “Estoy obligado a amarte a tí sólo y a ningún otro, y Agatón lo está por su parte a dejarse amar por tí y por nadie más.”                     

En nuestra lectura encontramos que la condición deseante de Sócrates respecto a Alcibíades según el deseo de este último, no es equivalente a la suya respecto a Agatón: está esclarecida la posición responsable de Sócrates pero no la de Alcibíades, pues es Agatón el que debe cumplir deberes, mas no está delimitada la responsabilidad de Alcibíades en tanto amador.

 Nuestra orientación se dirige a pensar en este caso el fracaso de la metáfora del amor como consecuencia de la (¿fallida?) intervención de Sócrates, tanto como de la per-versa posición de Alcibíades ante su no limitado lazo a la castración simbólica.  

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