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Jornadas de Escuela

Rodrigo Echalecu

Miembro Escuela Freud-Lacan de La Plata

                                                                           El inconsciente lacaniano

 

Jugando con el neologismo “Entretexto”, y sirviéndome del invite que nos proponen nuestros amigos rosarinos, a quienes gentilmente agradezco la invitación, apostando al cruce de textos que sostienen y causan la lectura y la escritura, como se planteó en la convocatoria a estas jornadas, les cuento que también me encuentro entre-textos, entre seminarios, trabajando el inconsciente lacaniano, textos que me despiertan cuestiones, descubrimientos  y ciertos  interrogantes:

 

Para introducirnos al tema lo plantearía así:

Sobre el final de la enseñanza de Lacan, aparece acentuado el registro de lo real y no por tratarse en estos tiempos de alguna supremacía de este registro por sobre los otros. Lacan nos propone en el Seminario 24, Línsu que sait de lúne-bévue sáile a mourre “ir más lejos que el Inconsciente”, (clase del 16/11/76) aludiendo a que la eficacia del psicoanálisis está en su empalme, podríamos decir, con lo real.

Poco tiempo antes había proferido, recordémoslo al pasar, el famoso aforismo “ir más allá del padre, a condición de servirse de él” (RSI) . Tenemos entonces, hasta aquí, ir más lejos que el inconsciente y también más allá del padre.

Pero voy a esta cuestión: ¿implicaría este “ir más lejos que el inconsciente” dejar de restarle importancia al inconsciente estructurado como un lenguaje, donde el acento había recaído, ya desde el inicio de la enseñanza, más bien sobre la producción de saber en lo simbólico, a partir del acto del analista?

 

Pienso en la clínica en un intento de avanzar:

En la experiencia del análisis, a medida que transcurre, se producen formaciones del inconsciente que podemos llamar con Lacan significantes unarios (S1). El analista las señala, más aún, forma parte de esas formaciones del inconsciente que se producen porque está implicado en la transferencia y eso da lugar a la producción de saber  S2 (saber inconsciente). Se dice, se  asocia sobre las formaciones del inconsciente. La transferencia instalada y el analista ubicado en el lugar del saber, pero absteniéndose de procurarlo, posibilita que en la trama de asociaciones se constituya el inconsciente en acto, en otros términos, que se produzca el saber. (Recordemos que Lacan plantea, en su Seminario 11, que el inconsciente es del orden de lo no realizado, que su estatuto es más bien ético que óntico).

El inconsciente estructurado como un lenguaje se realiza en análisis a partir de asociaciones metonímicas y metafóricas en las que se produce el sujeto como saber del inconsciente como corte, en el “uno de la ranura, del rasgo, de la ruptura”, dirá Lacan en su seminario sobre los cuatro conceptos. (Seminario 11, clase del 22/01/64). Se van produciendo letras en la lectura que recortan los unarios que representan al sujeto,  las leyes del lenguaje nos proporcionan así, de esta manera, el recurso del inconsciente en su intento de decir sobre lo real del goce.

Es decir que realizamos un delicado trabajo de análisis que se apoya en tiempos lógicos que precipitan y se realizan. Se va circunscribiendo con letras el borde del agujero. Letras que dicen sobre el sujeto, litoral con el goce. En este sentido, entiendo,  se va produciendo en acto,  en el análisis, la aproximación entre inconsciente y real, de eso se trataría ir en  la dirección ahora propuesta por Lacan sobre el final de su enseñanza, consistente en “ir más lejos que el inconsciente”. Ahora, ¿esto nos llevaría a prescindir del inconsciente como concepto nodal de la cura?

Si extendemos un poco más las consideraciones que la clínica aporta, no podemos dejar de ubicar, en el recorrido, al inconsciente estructurado como un lenguaje, donde Lacan pone allí, de la mano de ese aforismo, su acentuación en lo simbólico, aunque desde ya, no por eso, podemos decir que no tenga en cuenta el registro de lo real. De hecho, si decimos que el sujeto se realiza en la ranura, es porque ese agujero no deja de ser considerado en un tiempo anterior de su enseñanza, como lo es, por ejemplo en el Seminario 11.

Ya desde el inicio de la enseñanza de Lacan, se abre una dirección política en su intervención. Recuperar el valor del inconsciente, como muro de lenguaje, implica extender la cura a lo simbólico, que la misma no quede atrapada en las redes de la captura imaginaria del Yo, sede del desconocimiento del sujeto.

Pero insistamos con la pregunta:

¿Se trata  del mismo inconsciente, aquel estructurado como un lenguaje, de este  inconsciente planteado como l´une-bévue, como equívoco (Seminario 24), que es también otra de las maneras en que Lacan nos presenta al inconsciente sobre el final de su enseñanza, cuando acentúa el registro de lo real? ¿Qué lo inquieta a Lacan en esta época? ¿A qué apunta con esto, podríamos preguntarnos?

La equivocación, el equívoco, lúne-bévue lo sitúa en el Seminario 24 Línsu…, recuperándolo en varios sentidos, resulta homofónico de la palabra alemana inconsciente: Unbewusste. Pero va más allá de eso, juega de innumerables formas con este equívoco, resuena de variadas maneras, se escucha como ignorancia que sabe (insu que sait), como fracaso del inconsciente para alcanzar lo real, para decir sobre el sexo.

Podemos decir entonces, de la mano de lo que venimos planteando, que se acentúa el costado real del inconsciente en el equívoco, resultando el mismo, hacia el final del análisis, una producción del sujeto orientada hacia lo real. Lo cual no deja de implicar una conveniente posición del analista.

Lacan se encuentra, en estos tiempos, interrogado por estas cuestiones cruciales del psicoanálisis, está  particularmente dedicado, sobre el final de la enseñanza, a la temática del sinthôme y de la identificación  como invención del sujeto, habiendo atravesado el fantasma. En el seminario anterior, El sinthôme (23), había articulado el equívoco al sinthôme, señalando un especial enlace entre el uno y el otro, entre equívoco y sinthôme.

(Tomé esa referencia en las Jornadas anteriores de mi escuela, en la EFLA, para acentuar la relación entre interpretación y sinthome. No voy a extenderme aquí sobre eso, o en todo caso podremos, si quieren, conversarlo.)

La referencia al equívoco es considerada por Lacan cuando sitúa la posición del analista. No importa tanto si se trata de su posición en un análisis de control, como lo refiere en este caso, o de la posición del analista que conduce un análisis. Me resulta indistinto el tema en este punto, de lo que se tratará, en definitiva, es del deseo del analista como operador del psicoanálisis, en la intensión como en la extensión, cuando se lo transmite. Si se quiere, se lo puede tomar como un consejo para el analista.

En el sinthôme se refiere a la posición analítica, a la cual compara con un juego, con el acto de jugar más precisamente.  El analista propicia “jugar con ese equívoco que podría liberar el sinthome”. (J. Lacan. Seminario XXIII, El sinthome. Capítulo “Del uso lógico del sinthome, o Freud con Joyce”, pags. 17 y 18. Paidós editores.)

El analista se abstendrá de responder, como dijimos, a la demanda de saber que se le dirige en transferencia, requiriéndose de la presencia real del analista para que el inconsciente estructurado como un lenguaje se articule en discurso. A su vez, también se requiere de  la presencia real del analista ante las particularidades que la transferencia presenta  hacia el final del análisis, donde la suposición de saber caerá, tratándose más bien, en este tiempo del análisis, por el trabajo que ha venido cursando, de un saber centrado en lo real, un saber en fracaso que equivoca, que engaña. Se siguen produciendo equívocos hacia el final de análisis, por supuesto, pero resultará clave allí, como decimos, que el analista propicie el “juego”  con el equívoco,  como modalidad princeps, si se quiere, de su intervención.

Extenuado, llevado a su límite el saber inconsciente con los unarios a cuenta del sujeto, irá cobrando preponderancia el inconsciente como equívoco, que no deja de considerar su fracaso para decir sobre lo real. El analista está advertido en este punto y apuntará a  que la función del equívoco ya no esté centrada en la interpretación simbólica que Lacan tempranamente había subrayado. El equívoco a esta altura, alojado en lo real, si el analista está situado, es decir, propiciándolo par a liberar el sinthôme, resultará la apertura directa a lo real, puerta hacia la invención. No es el tiempo del pedido de asociaciones a partir del equívoco, porque las ha habido varias y de las más variadas.

Acentuado lo real, entonces, como fue acentuado lo simbólico por sobre lo imaginario al inicio de la enseñanza, como dijimos, con una  finalidad política, volviendo a Freud y a su lectura en aquél momento para que la cura no se oriente en torno a lo especular, el analista no intervendrá de idéntica manera hacia el final del análisis. Tanto en las entrevistas previas, en el análisis propiamente dicho, como sobre el final del mismo, en función de las particularidades de la transferencia, las intervenciones del analista tomarán distingo sesgo.

Reafirmemos, entonces, que jugar con el equívoco producido por el analizante, ya no tendrá que ver con los juegos polisémicos a los que dan lugar las formaciones del inconsciente en su estructura de lenguaje. Más bien ahora podría liberarse el sinthôme a partir del inconsciente planteado como equívoco, como  l´une-bévue, orientado hacia lo real.

A lo largo del análisis se producen equívocos  de los más variados que permiten advertir  al sujeto de su posición fantasmática ante el Otro en la letra recortada en la lectura del síntoma. Pero sobre el final, cobra preponderancia otra dimensión del equívoco, el cual supone  ese trabajo previo. El equívoco analizado y la letra portadora del mismo, que viene a representar al sujeto, abren la puerta hacia el desafío de reinventarse. El analista juega, el arte será saber hacerlo, es la posición del analista la que posibilita liberar el sinthôme de su analizante y eso no va de suyo.

 

Para finalizar diré que, advertidos de que el inconsciente está estructurado como un lenguaje, en la articulación de la palabra del analizante, se habrá podido realizar un trabajo de análisis que atraviese lo especular, aunque sin descuidarlo. A su vez, como dijimos, el tope, el límite de lo simbólico quedará situado por la letra leída. Se acentuará lo real en este punto a partir de la producción de equívocos orientada hacia el sinthome. Hay aquí también una dirección política, es de esperar que los análisis no se tornen interminables, porque el inconsciente siempre equivoca y el bla-bla puede dar para toda la vida. Hay un más allá del padre al que no llega el significante.

Pienso que no se trata de idealizar al inconsciente y de interpretarlo de por vida, pero tampoco de derribarlo, en el sentido de haber perdido vigencia la producción de la historia. Que el Inconsciente equivoque y que por eso mismo fracase al decir lo real, no implica que este haya pasado de moda.

Lacan se pregunta: “¿A qué se identifica uno, pues, al final del análisis? ¿Se identificaría a su inconsciente?” Y se responde: “Eso es lo que yo no creo, porque el inconsciente resta del Otro”. (Seminario 24, clase del 16/11/76).

Propiciar la identificación al sinthôme hacia el final del análisis, entiendo, no podría ser  abordado sin pasar por el inconsciente. Llegado a este litoral del análisis mismo, el sujeto, ahora con su letra a cuesta, dispondrá en este tiempo del equívoco, como dijimos, de otro modo,  para propiciar su valiosa y novedosa escritura. 

 

Rodrigo Echalecu

rodrigoechalecu@yahoo.com.ar

Octubre de 2016

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