EPSFROS
Jornadas de Escuela

Pura Cancina

A.E. - A.M.E. EPSF-Ros

                                                                            

Poética y Psicoanálisis

 

Crucemos los textos sobre el soñar de dos poetas: Calderón de la Barca y William Shakespeare. Cruzaremos luego textos de los maestros: Freud y Lacan.

Dice Segismundo[1] en su monólogo:

Yo sueño que estoy aquí
destas prisiones cargado,
y soñé que en otro estado
más lisonjero me vi.
¿Qué es la vida? Un frenesí.
¿Qué es la vida? Una ilusión,
una sombra, una ficción,
y el mayor bien es pequeño:
que toda la vida es sueño,
y los sueños, sueños son.

Dice Hamlet, el príncipe de Dinamarca:

¡Morir... quedar dormidos...
Dormir... tal vez soñar! -¡Ay! allí hay algo
que detiene al mejor. Cuando del mundo
no percibamos ni un rumor, ¡qué sueños
vendrán en ese sueño de la muerte!

Son 35 años de diferencia donde el primero cruza “vida” y “sueño”, el segundo “sueño” y “muerte”.

La vida es sueño fue estrenada en 1635 perteneciendo al barroco del Siglo de Oro español.

La tragedia de Hamlet, Príncipe de Dinamarca, a pesar de ser un tema discutido, el consenso general dice que posiblemente se haya compuesto entre 1599 y 1601. Obra propia del Teatro Isabelino correspondiente también al siglo de oro inglés propiciado por Isabel I, la Reina Virgen.

Algunos subrayados:

La obra de Calderón de la Barca reduce la vida al soñar, a la ilusión, a lo imaginario.

Shakespeare introduce la pregunta por la continuidad del soñar, el dormir y el morir, tercer término que introduce lo real. Recordemos además que el soliloquio de Hamlet comienza con la cuestión del ser: “to be or not to be, that is the question[2]”. No se trata de la pregunta por el ser sino por el estar, más cercano al existir: estar en el mundo. Recordemos el monólogo que comienza cuando Hamlet, al ir al cementerio por un funeral que no lo conmovía, quedándose luego paseando por el mismo, dio con una fosa que había sido preparada dejando a la vista los huesos de un entierro anterior en el mismo lugar. Como se enteró que era de Yorick, un bufón muy mordaz, ingenioso y ocurrente que él había conocido en vida; toma entre sus manos su calavera y comienza un soliloquio sobre lo perecedero.

La ideología del Barroco Español fue la de un catolicismo militante frente a los desafíos de la Reforma Protestante: la fastuosidad y la recarga de las obras de arte intentaban contrastar la severidad y la desnudez de esta Reforma, al tiempo que la riqueza decorativa significaba una reacción frente a la campaña iconoclasta desplegada por la misma. 

Se debía respaldar, además, la vigencia del absolutismo monárquico, promoviendo la creencia en la existencia de un orden o derecho divino fuente de legitimidad.

Calderón comulgaba con este espíritu de la época: le obsesionaba la concepción de la vida como teatro, sombra y sueño.Poseía un carácter sombrío, hastío de la vida, una tendencia a vivir apartado y un orgulloso espíritu aristocrático. Esto da lugar a las dos notas fundamentales que se dan en su ideología: el pesimismo y la adhesión a los valores tradicionales.Su pesimismo respecto a la vida humana y al mundo era absoluto y todo le parecía vano e inconsistente. Vivía con el desengaño en el horizonte de su vida y buscó entonces una salida moral: si la vida es sueño, ordenemos nuestros actos hacia el despertar de la otra vida. Supuesto despertar ante el que Hamlet retrocede. Ese despertar no despierta y forma parte de una de las salidas con respecto al malestar de la que nos habla Freud en «El malestar en la cultura» cuando dice «Particular importancia adquiere el caso en que numerosos individuos emprenden juntos la tentativa de procurarse un seguro de felicidad y una protección contra el dolor por medio de una transformación delirante de la realidad. También las religiones de la Humanidad deben ser consideradas como semejantes delirios colectivos. Desde luego, ninguno de los que comparten el delirio puede reconocerlo jamás como tal.»

Es también sobre el malestar en la cultura que Hamlet se interroga: «las demoras de la ley, del empleado la insolencia, la hostilidad que los mezquinos juran al mérito pacífico, pudiendo de tanto mal librarse él mismo, alzando una punta de acero. ¿Quién querría seguir cargando en la cansada vida su fardo abrumador?» 

Uno de los hechos más destacados del reinado de Isabel es la transformación de Inglaterra en un país mayoritariamente católico, en un país mayoritariamente protestante. Esto nos pone sobre la pista de aquello a lo que apunta el “to be or not to be” de Hamlet. Ser o no ser: descartado el no ser ante el que el príncipe termina deteniéndose, se trata de soportar el peso de la existencia; malestar cuyas causas, las freudianas, son el cuerpo, el otro y el Otro, su inexistencia, dirá Lacan. La maldad de la Cosa es ocasión del despertar como lo atestigua el Príncipe de Dinamarca.

Vayamos a nuestros maestros:

La experiencia nos enseña desde sus primeros pasos, señala Lacan en el Seminario XI, «que no permite para nada conformarse con un aforismo como la vida es sueño. El análisis, más que ninguna otra praxis, está orientado hacia lo que, en la experiencia, es el hueso de lo real.» En cambio, para la gran analista del fantasma, Melanie Klein, el motor del desarrollo se reduce a ·”la vida es sueño”, fantasía.

El despertar nos vuelve a situar en una realidad constituida y representada. Hablo de la realidad psíquica de Freud. Lo real hay que buscarlo más allá del sueño, en lo que el sueño recubre y esconde tras la falta de representación. En el sueño sólo hay lo que en él hace las veces de lugarteniente.

Freud diferenciaba “realidad psíquica” y “realidad material” pero Lacan explicita: No hay realidad[3]: «La realidad no está constituida más que por el fantasma y el fantasma es además lo que da materia a la poesía. Definiremos la realidad como lo que yo he llamado en todo momento lo pret à porter del fantasma, es decir, lo que hace a su orden; veremos entonces que la realidad, toda la realidad, no es otra cosa que montaje de lo simbólico y lo imaginario.»

¿Pero cómo hacer si despertar es, en este caso, volver a dormir, si en lo Imaginario hay algo que necesita que el sujeto duerma?

¿Podemos apostar a encontrar lo real? Sólo el análisis, la apuesta a la insensatez del inconsciente para el que el sueño es su “vía real”, la tyche en medio de la repetición (automaton), como un relámpago, nos lleva un poco más a ese real que a la muy poca realidad que es la del fantasma.Tal vez nos lleve más allá, al puro real.

«Padre, ¿no ves que estoy ardiendo», o la boca abierta de Irma despiertan. Señal de que se ha ido muy lejos. Un sueño despierta justo en el momento en que podría dejar escapar la verdad. De manera que uno no se despierta más que para continuar soñando; soñando en la realidad.

El sueño preserva el deseo de dormir, Freud dixit, a lo que Lacan replica: «el dormir se hace desear a aquellos para que él encuentre en ellos la complicidad del sueño, a saber, el deseo de que eso siga durmiendo bien. Conviene pues que todo enunciado se cuide, justamente porque réve[4]-oluciona, de mantener el reino de lo que despierta.»[5]

Una analizante accede, en un sueño, a una cierta certeza con respecto al goce secreto y oculto del padre y otros ancestros.

“¡Era esto!” exclama al despertar sobresaltada y con la sensación de estar toda mojada. Afuera llovía. La lluvia fue el ruidito, el golpe que despierta.

«Es para el análisis», piensa. Pero cuando llega a la sesión ha olvidado completamente el sueño. No me sorprendió. Habría que esperar a que llegara allí de otra manera. Ella había escogido dormirse nuevamente en el amor al padre: se había quedado con una llave en cuyo paquete la escritura de su padre decía «Esta llave no abre» Era en transferencia, en la ambigüedad de la realidad que se juega en la transferencia, que lo entrevisto en el sueño podría llegar a despertar.

Freud decía que nada puede ser aprehendido in effigie, in absentia a lo que Lacan replica en el Seminario XI que la trasferencia se presenta como effigie en relación con la ausencia. Sólo a partir de la función de lo real en la repetición podremos llegar a discernir esta ambigüedad de la realidad que está en juego en la transferencia.

Pura H. Cancina

 



[1] Sigmund en alemán.

[2] Pregunta problema.

[3]Le moment de conclure.

[4]Réve es sueño en francés.

[5] Seminario XXI.