EPSFROS
Jornadas de Escuela

Laura Gobbato

Miembro de la EPSF-Ros

 JEAN GENET, LA BELLEZA DEL RESENTIMIENTO O LA REDENCIÓN DE LA PODREDUMBRE

 

Jean Genet el escritor y mito vistió, además, otras pieles. Así nos encontramos con el Genet huérfano, vagabundo, ladrón, presidiario. Sartre lo llama resentido, mártir y comediante. 

Parto de lo trabajado en ese entre que es, en acto, un seminario de Escuela, en este caso el seminario que conduce Analía Battista sobre enfermedad orgánica. Entre analistas, entre textos: el de Catherine Millot Gide, Genet, Mishima. La inteligencia de la perversión, algunos del propio Genet, de su biógrafo Edmund White y pasajes de Jean Paul Sartre.

Entre lo escuchado, lo leído, lo pensado y lo dicho, entre lectura y escritura, entre clínica y escritura.  Hay algo de experimentación y obra abierta en mi escrito. Abierta a la lectura de mis compañeros, lo construí así, dándome a leer, tomando sus comentarios. Leyéndonos. También porque son consideraciones en puro estado de presentación y de investigación, de hecho, todavía no hice mi presentación en el seminario. En ese sentido estoy en un entre, entrándole al tema.

Entonces, Genet. Autor brutal y maldito.

Muere solo y callado por un cáncer de garganta, el 15 de abril de 1986 un día después que Simone de Beauvoir.

Una necrológica que se refiere a ambos: “La escritora, procedente de la clase media alta, hizo del rechazo a sus orígenes un ejemplo de lucha por la libertad. Genet, que nació en los bajos fondos de esa sociedad, se convirtió en un puritano del mal. Con aquella se corta la tradición racionalista de la cultura francesa, con éste queda amputada la estirpe, que casi se extingue con él, de los grandes dinamiteros de esa misma cultura”.

Muere en París y es enterrado en Marruecos donde residía. ¿Quién lo enterraria? ¿Quién cobraría sus derechos de autor? ¿Quién lo leerá en esta época además de nosotros, rescatadores de textos, lectores afanosos…los estudiantes de letras tal vez…Todas sus obras están completamente agotadas y me costó conseguir alguna, hasta que di con un ejemplar usado de Las criadas y El Balcón. Cabe aclarar que Las criadas es todavía muy representada.

Nace en 1910 en París, hijo de una prostituta y de padre desconocido, es abandonado por su madre siete meses después en un hospicio y nunca vuelve a saber de ella. A los ocho años pasa a la crianza de unos campesinos del Morvan.

En la versión de Sartre a los 10 años es acusado de un robo que no cometió, y es llevado a un reformatorio. A partir de ese momento decide hacerse ladrón, como acto de rebeldía. Sartre dice que decide ser el ladrón que la sociedad quiso que fuera. 

Según Millot es encontrado robando a sus propios padres, versión sumamente interesante que lleva a otras hipótesis y lecturas.

 A los 16 años se alista en la Legión Extranjera, de donde es expulsado por ser visto cometiendo actos ilícitos (homosexualismo y pederastia). A partir de entonces se dedica al contrabando, a la prostitución y al robo por varios países de Europa y soporta procesos legales por más de treinta años.

Su biógrafo, el escritor norteamericano Edmund  White, nos da la posibilidad de seguir de cerca lo que llama “la transformación de un delincuente en un escritor, de un joven marginal en un genio de la literatura francesa.”

Plantea algo muy interesante: que Genet fue un exiliado en todos los sentidos, salvo en uno, la lengua. Su escritura nunca fue revolucionaria en la sintaxis o en la gramática. El propio escritor lo decía así: “lo que debía decir a mi enemigo tenía que decirlo en su lengua, no en la lengua del argot. Era necesario un médico de pobres para osar escribir en argot, yo era un simple detenido.”

Por decirlo de algún modo…no fue Joyce. Ni hizo estallar la lengua en el sentido experimental, ni era psicótico, ni escribió para que se hablara de él 300 años, al menos, que sepamos, no lo manifestó. Pero también escribió y se hizo un nombre.

White no acuerda con el mito del Genet que parece haber nacido escritor; según él, junto a las aventuras adolescentes de las que tanto alardeó, hubo años de lecturas atentas y profundas.

Escritura revulsiva y chocante, aunque de alto grado metafórico y rigurosidad. Potente, provocadora y provocativa a ultranza hace que Millot se pregunte si su estilo, que ponía sus bellezas al servicio de la glorificación de la abyección, no consiste en corromper sutilmente la lengua francesa, y de tal modo rendirle el homenaje del más bello amor.

Corrompe la lengua, pero no se exilia de ella, la trabaja. La corrompe a la vez que la embellece, en un juego de contrarios que Millot pone en línea con su perversión. Entiendo corromper como descomponer, hacerla impura, podrirla, podrirla y hacerla decir bello a la vez. Como las flores del mal de Baudelaire, flores podridas.

El condenado a muerte una de sus obras fundantes la escribe en la cárcel entre 1930 y 1939. En Diario de un presidiario (1942), relata sus experiencias como delincuente y prisionero, y en Nuestra Señora de las Flores habla de su vida en los bajos fondos y su experiencia como chapero, esta obra es de 1944.

En el 47 lo condenan a cadena perpetua y sus amigos Sartre y Cocteau, hacen una petición para que sea liberado. En 1948 el presidente de Francia le concede la liberación.

Entre White y Sartre tomé la idea de la construcción de un personaje primero, y una obra después, el hacerse un personaje primero, como delincuente, y luego un nombre como escritor. Por eso se excluye del mundo pero no se exilia de la lengua, corrompiéndola y embelleciéndola a la vez que dinamita la moral y escribe sobre lo que no debería escribirse. Encontré una nota sobre la feroz censura que padeció en la España franquista: “El texto es un verdadero canto a las aberraciones sexuales, crimen y vida inmoral, de la que se diría el autor se siente orgulloso.” Por estar tan bien escrito y ser tan convincente, se lo consideró peligroso. 

Tomé de Millot sus consideraciones sobre su perversión y su modo de escribir. Dice que se dedicó a la consagración poética de la identidad de los contrarios. Desde lo inmundo a lo ideal, plantea que va y viene de la sacralización del sexo a la sexualización de lo sagrado.

Cito a la autora: “Cuando el amor nos ha sido negado desde el nacimiento, cuando en lugar de la madre hay un agujero, y uno ha salido de él, vástago rechazado de ese vacío, desde esa posición de deshecho, si uno quiere asumirla, sólo resta hacer milagro: inventar un nuevo amor que transfigure la abyección. Ese nuevo amor será el único permitido, se llama también vicio”.

“En Genet -sigue más adelante-, el horror fue de entrada como un milagro al revés, el milagro de la nada y el no…. abandonado del mundo, no descubre el éxtasis en el seno de la divinidad, sino en el seno de la desesperación misma, pues allí, mediante una inversión extraña, el propio desamparo se convierte en gozo”.

Querer el horror, hacer con el horror y triunfar sobre él puesto que de él se ha salido. El mismo Genet lo dice en Nuestra Señora de las flores: “la única manera de evitar el horror es abandonarse a él, aceptarlo, cultivarlo, entregársele, amarlo.”

Desde el origen, dice la autora en su prefacio y en relación a los tres escritores, tuvieron que inventar un nudo, el que hicieron con el sexo para mantener la muerte a raya. Se los deseaba muertos, para ellos la muerte se volvió deseable. Erotización de la pulsión de muerte que permite la intrincación pulsional vivificante. Así se sostienen vivos y no desaparecen en el deseo de muerte.

Sartre lo dice así: “el resentimiento no debe resolverse, debe mantenerse intacto en tanto es la fuente de erotización de la que emana su belleza y la poesía. Jean erotiza el cosmos que lo rodea en busca del placer que la sordidez le provoca, sucumbiendo a los submundos, la actividad genetiana está enfilada y gira en torno al placer y al descubrimiento de la belleza desde su lado inverso, el mal.”

No hay falta, reniega de ella a la vez que la convierten en el centro de su posibilidad. La perversión es una posición frente a la falta, es “no hay falta”. Es el milagro más alto, el milagro alquímico de la transmutación de la desdicha en su contrario. Hace posible la transmutación del horror que inspira la castración en un goce que representa su desmentida más perfecta, es un triunfo y un desafío a la vez dice Millot.

Para Millot la posición perversa es estructura y también suplencia. Cómo con lo podrido y abyecto, hacer un goce. En la misma podredumbre de la que se salió, encontrar la salvación, redimirse y gozar al mismo tiempo que se reniega de la castración. Exalta el agujero podrido del que salió a la vez que reniega de él. Y lo hace con la escritura, suplencia de esa falta elevada a estilo. Logra sobrevivir y además escribir y hacerse un nombre.

Escándalo, enrostramiento de la castración por la escritura, eso escribe, con eso escribe, sobre eso escribe, se escribe. Su victoria es verbal plantea Millot.

El genio, dice Sartre, es la salida que uno se inventa en los casos desesperados.

Hacer de la desdicha un estilo, tomar el clivaje perverso mismo como un estilo, poner en juego esa escisión, ese desgarrón en el yo, jugando constantemente con los opuestos. Y esto es Genet, ese movimiento ad infinitum entre el deshecho y el ideal. Su sintaxis reproduce la estructura misma de su yo desmembrado entre esos polos opuestos.

El yo desgarrado y clivado entre los dos polos, la degradación y el ideal, polos inconciliables de su yo que representan la coexistencia de los contrarios. La falla no es ocultada sino exhibida. Ese clivaje que habita su yo dividiéndolo, está en su escritura en la paradoja constante, en el oxímoron puro, la belleza de la abyección, del resentimiento, el puritanismo del mal.

“A lo que es feo, sucio, miserable, se le dará los nombres más hermosos” dice en Diario de un presidiario. Y Millot agrega que su poesía es una ascesis, una purificación, o como él le llama, sublimación o milagro de la magnificación.

En Las criadas y el balcón, que son del 46 y el 47 respectivamente, y con las cuales se consagra como escritor inscribiéndose en el teatro del absurdo, se ve muy claro el juego de los opuestos y de las inversiones.

Las criadas aman y odian a la sra, se quieren y se desprecian entre ellas, asumen el rol de su jefa, intercambian los de ellas, pretendiendo matarla una se suicida. La primer puesta, dirigida por Genet, la realizan varones travestidos como mujeres.

 

 

El balcón toma las oposiciones en el juego entre la realidad y la ficción, la escena dentro de la escena, el teatro dentro del teatro, el juego de las apariencias, los espejos y las máscaras. Es un burdel que funciona como casa de ilusiones adonde acuden los clientes para satisfacer sus fantasías eróticas.

En 1956 conoce a Abdallah Bentaga, un joven equilibrista de 18 años a quien le paga un curso de funámbulo, vendiendo los derechos de la obra Los sueños prohibidos. Romance torturado, el joven no lo resiste y se suicida, episodio que perturba severamente a Genet.

El funámbulo es una sentida, hermosa y sutil carta que Genet le escribe a su amante, poema de gran lirismo escrito en prosa, sobre la cual Millot hace consideraciones muy ricas.

Además de haber dejado de ser un presidiario, por su escritura y su amistad con grandes escritores, construye una obra y crece literariamente aunque esto no lo exima de su perversión. Con un yo clivado arma un personaje y hace de esa escisión y su mostración, un estilo. Logra sobrevivir y crear aunque la podredumbre lo atraviese hasta el final nos dice Millot, su vida sigue siendo oscura, solitaria, con amores homosexuales conflictivos y desgarrados. Una militancia con los diferentes y “excomulgados” (en el sentido de exiliados, excluidos en su contexto): los argelinos, los palestinos y los Black Panthers, y declaraciones polémicas y contestatarias, pero sin que pueda rastrearse en su escritura, plantea White, el más mínimo compromiso político, defensa o reivindicación. Jamás creyó que el arte tuviera una eficacia política directa. Es pura provocación, lazo perverso y desafiante. Y es escritura.

En 1983 gana el Gran Premio Nacional de las Letras y pasa a convertirse, como Rimbaud, Verlaine, Baudelaire, en estatua de mármol y referencia académica incuestionable, a la vez que sigue perteneciendo a la estirpe de los escritores malditos que se convirtieron casi a pesar suyo en glorias nacionales dentro del sistema que tanto aborrecieron y que quisieron demoler con su obra.

Entre agujero, renegación, clivaje y provocación, la escritura de Genet nos conmueve aún hoy haciéndonos pensar, hablar y escribir.

 

Laura Gobbato, octubre 2016.-