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PRESENTACIÓN

LA ENSEÑANZA EN LA ESCUELA

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“Lacan responde allí donde está la cuestión freudiana. Repiensa: precisa, recorta, puntúa e inventa cuando es necesario.
Seguir sus pasos al pie de la letra es lo indicado cuando de la formación de analistas se trata: práctica de lectura y escritura.”[1]
 
Durante todos esos años intentamos sostener la diferencia entre enseñar ante un público y enseñar a un público porque esto sitúa la enseñanza en directa relación a la formación de analistas más allá del público que compone la audiencia. Con esto señalamos que la enseñanza del psicoanálisis necesariamente es formativa si no quiere ser profesoral. Y, si no es formativa en el sentido de formar analistas, es formativa ¿en qué sentido?
 
Esto último nos llevóa situar en otro lugar el interrogante y pasar de la pregunta por la audiencia a la pregunta por el enseñante. ¿En qué una enseñanza sería formativa y no meramente informativa?
 
Se trata de no olvidar, en lo que se refiere a la enseñanza cuando se trata de psicoanálisis, la necesaria referencia a la experiencia psicoanalítica: este ir y volver que deja sus huellas, y en el que una instancia exige la otra y viceversa ya que, en este ir y venir, subrayamos que, tratándose de psicoanálisis, la experiencia del acto no puede no poner en cuestión, y aún subvertir, la experiencia enseñante.
 
No podemos entonces lanzarnos a una enseñanza sin hacer el rodeo de interrogarnos por el deseo del enseñante. Lacan señala que esto nos introduce en la observación de que, allí donde la cuestión del deseo del enseñante no se plantea, tenemos a un profesor y sus hábitos y condicionamientos. Lo escrito en una apariencia: un condicionamiento dice de algo que se sostiene sólo a cambio de cerrar el campo de la interrogación sobre el deseo en juego.
 
Lacan pensaba que resulta útil percatarse de que el profesor se define como aquél que enseña sobre las enseñanzas o, dicho de otro modo, como aquél que recorta en las enseñanzas. Por ello, enseñando, compone lo que se llama un collage. Si ese collage se realizara de una manera menos preocupada por el empalme, menos temperada, se tendría alguna posibilidad de culminar en el resultado mismo al que el collage apunta, el de evocar esa falta que constituye todo el valor de la obra de arte cuando es lograda. Por ese camino, pues, se llegaría a alcanzar el efecto propio de aquello que, precisamente, es una enseñanza.
 
Pareciera que debemos concluir que la menor preocupación por lo logrado del empalme en una enseñanza es lo que la hace más enseñante. Enseñante ¿de qué? De la ocasión de creación –deseo del enseñante- ligada a la falta, de lo que en una enseñanza puede evocarla.
 
Un enseñante tratará de transmitir la articulación de problemas y cuestiones sin que una exagerada preocupación por el empalme nos haga dejar de lado la presencia siempre prolífica de una falta, ya que es la falta lo que hace enseñante a la enseñanza. Esto no se produce sin la puesta en regla del deseo del enseñante.
 
Si no quiere ser in-formativa, la enseñanza del psicoanálisis tendrá que ser formativa y, por lo tanto, cuestionadora, y cuestionarlo todo y aún las cuestiones menos cuestionables ya que el psicoanálisis cuestiona las cuestiones menos cuestionables.
 
Pura Cancina
 
[1] Párrafo del texto de fundamentación del seminario de la escuela “Formación de analistas. Seminario anual 2016”.